In Spanish. Sorry.

La increíble historia de mis cuernos.



Siempre he querido ver a Catalina hacer el amor con otro hombre. Me excita imaginarlo y a veces le cuento fantasías y le pido que se imagine que está follando con otro. Al principio de nuestro matrimonio estas fantasías no le gustaban, pero poco a poco empezó a disfrutarlas y últimamente le gustan mucho. La que más le agrada es imaginar que vamos a un bar cada uno por su lado y que ella levanta a un hombre que la excita y se lo trae al hotel sin jamás preguntar su nombre. Le he sugerido que hagamos realidad esta fantasía, pero no quiere. Percibo una lucha interna entre su deseo y su deber. Hasta ahora siempre ha ganado el deber y me temo que siempre será así.

Hace unos meses aceptó tan solo bailar y fajar con otros. Me dijo que en un bar haría cualquier cosa, pero que no se atrevería a llevarse a ningún tipo, por más que le gustara, a la cama.

Acepté y una noche salimos a ver qué pasaba. Ella se visitió para destacar su belleza: sus hermosas nalgas, su cuerpo bien torneado, su espesa y larga cabellera negra, sus labios sensuales. Al llegar a un antro conocido por su ambiente cachondo entramos cada uno por separado. Ella se sentó en una mesa y pidió un tequila. Al cabo de pocos minutos un hombre la sacó a bailar. Después de una pieza, ella regresó a su mesa. Esto se repitió con dos o tres hombres más. Era claro que no le habían gustado.

Finalmente llegó un tipo un poco más alto que ella, atractivo y con un cuerpo fuerte y compacto, como el mío. Bailaron una pieza, luego otra y siguieron un buen rato, riéndose y disfrutando del baile, cada vez más acoplados como pareja.

Después de un rato se sentaron y ella pidió su tercer tequila. Me di cuenta que empezaba a hacerle efecto el trago y me alegré, pues esto siempre la pone cachonda. El simple hecho de que hubiera pedido el tercer tequila me dijo que estaba muy a gusto, pues generalmente se cuida mucho ya que sabe que el alcohol la calienta y puede llegar a perder el control.

Regresaron a la pista de baile y se abrazaron en una pieza lenta y cachonda. Sus cuerpos se juntaron y sus mejillas también. Él le acariciaba la nuca y la espalda y poco a poco bajo hasta tocar la parte superior de sus nalgas. Ella se apretó contra él. Varias piezas después él la llevó a su mesa, que estaba en una esquina obscura y alejada del gentío que llenaba la pista. Yo me cambié de lugar para ver lo que iba a suceder. Cuando me acostumbré a lo obscuro pude ver que ya se estaban besando, con besos lentos, con lenguas juguetonas e intercambio de saliva.

Ella tomó la mano derecha de él y la llevó a su pecho. El hombre empezó a acariciarle el pezón y ella se abrazó a su cuello metiéndole la lengua profundamente en la boca. Pronto la mano bajo hacia las rodillas y ella las abrió para que pudiera entrar. Su mano lentamente subió por el muslo y pude darme cuenta cuando llegó al coño, pues ella se arqueó ligeramente y empezó a respirar con fuerza.

Desde mi posición podía ver perfectamente la cara de placer de mi mujer y la mano del desconocido que se movía despacio, hacia dentro y hacia afuera, bajo la falda. Era obvio que ya la estaba penetrando con sus dedos pues ella se excitaba más y más. Así pasaron la siguiente hora, cada vez más excitados, hasta que, tonto de mi, cometí el error de interrumpirlos. Se me ocurrió la pésima idea de hablarle a su celular. Cuando contestó, interrumpiendo su cachondeo, le sugerí que se lo llevara al hotel y se acostara con él. Contestó tartamudeando, totalmente confundida, pero unos segundos después recuperó el control y me contestó que no podía porqué “mañana estaba comprometida para comer con su amiga Julia”. Obviamente fue la única forma que se le ocurrió para negarme mi petición.

Lamentablemente mi llamada rompió la magia del encuentro y después de unos minutos ella miró su reloj, él pagó la cuenta, se levantaron y salieron del bar. Yo hice lo mismo.

Nuestro hotel estaba a dos cuadras de distancia por lo que caminaron abrazados hacia allá. En el camino se metieron dos o tres veces en el resguardo de un portal y se besaron con pasión, pero ella ya no iba a perder el control y a los pocos segundos continuaban. Él hizo varios intentos por mantenerla en uno de esos portales, pero lamentablemente, sin éxito.

Finalmente llegaron al hotel y después de un largo beso, se despidieron y ella entró al inmueble. Él tomo el camino de regreso, por lo que en unos cuantos pasos estuvo frente de mi.

De pronto, sin darme cabalmente cuenta de lo que hacía, lo llamé y le dije:

– Sabe,… la mujer que acaba Usted de dejar en ese hotel es mi mujer.

Él me miró sorprendido, callado y a la expectativa, sin saber qué decir o hacer, pero antes de que se recuperara le dije:

– ¿Le gustaría acostarse con ella esta noche? Se lo digo porqué a mi me gustaría verlos coger.

Se quedó callado un momento y luego contestó:

– Estás bromeando. ¿En serio es tu mujer?

– Si, fuimos juntos al bar, ahí me senté por mi lado para que ella pudiera conocerlo. Luego vi con mucho placer cómo la llevó Usted a su mesa y cómo la acarició íntimamente. Ahora ella está arriba, esperando que yo lo invite a Usted a que suba y terminen lo que han dejado a medias.

El tipo no daba crédito a mis palabras. Me miraba sin decir nada. Yo podía adivinar lo que estaba pensando: por una parte, deseaba intensamente que lo que le decía fuera cierto y por la otra lo ponía en duda. Pasaron varios minutos y finalmente me dijo:

– ¿Cómo se que no me estás engañando?

Saqué mi celular, busqué las fotos de mi mujer y se las enseñé. Tengo varias en las que está desnuda en poses cachondas y él se quedó hipnotizado un buen rato. De pronto, dándose cuenta que no tenía nada que perder dijo:

– Acepto.

– Sígame, le dije, y sin más, me dirigí al hotel.

Entramos juntos, nos dirigimos al ascensor y subimos hasta nuestro piso. En el camino maduré mi plan. Caminamos hacia la habitación y antes de llegar le dije:

– Entraré yo primero para estar seguro que ya está lista. Después abriré la puerta para Usted. Encontrará la luz en penumbra, a ella lista y lo único que tiene que hacer es dirigirse a la cama y cogérsela.

Asintió y entonces entré al cuarto y dejé al tipo fuera.

Encontré a mi mujer acostada en la cama, desnuda, con las piernas abiertas, masturbándose intensamente. Al verme llegar me sonrió. Me di cuenta que estaba basante borracha y muy caliente. Me dijo:

– Qué bárbaro, que calentada me acabo de dar. Ven, cógeme. Quiero verga. Quiero verga.

– Espera, le dije, vamos a jugar un juego. Dime, ¿cómo se llama tu galán?

– No le pregunté, contestó.

– ¿Porqué no lo invitaste a subir, no te hubiera gustado coger con él?

– Si, por supuesto que si. Ya me cogió con sus dedos y estoy tan caliente que me arrepiento de haberlo despedido. Ojalá no lo hubiera hecho. No te imaginas el tamaño de su paquete. Me encantaría que me cogieran, primero él y luego tú.

– ¿Cómo ves que apago las luces, pongo un poco de música, vuelvo a salir y regreso pretendiendo que soy él? Tú convéncete que el que va a entrar es el que acabas de levanta, el que te ha estado besando toda la noche, el que te metio mano por todos lados. Yo salgo de la escena. Él regresa, entra y sin más, te coge. Ábrete de piernas para recibirlo.

– Si me dijo, me encanta la idea, lo quiero, quiero que él me coja. Ábrele la puerta e invítalo a entrar, pero apúrate que ya quiero verga.

– Vale. Convéncete de que soy él. Te va a coger el desconocido que levantaste en el bar.

Rápidamente apagué las luces salvo la del baño y dejé la puerta apenas entreabierta. El cuarto estaba prácticamente a obscuras. Puse la música con buen volumen y salí.

Ahí estaba el tipo esperando.

– Adelante, le dije, no pierdas tiempo platicando. Ya está desnuda, caliente y esperándote. Te informo que le gusta un sexo fuerte, violento. Disfrútela como le de la gana y hágala gozar.

Entonces volví a abrir la puerta. Él entró y yo detrás. Me quedé en el vestíbulo y pude ver cómo entraba y se desnudaba con rapidez. Tenía una erección impresionante. Ella lo llamó:

– Ven papi, cógeme, por favor cógeme.

Entonces empezó una escena mágica, morbosa y cachonda, decorada con gemidos y chasquidos de besos que se mezclaban con la música del saxofón.

Despacio, entré en la habitación y me senté en un sofá ubicado en la parte totalmente obscura del cuarto. Mi prudencia era innecesaria. Podría haber pasado un tren frente a ellos que nunca se habrían dado cuenta.

Desde mi butaca de primera fila puede ver cómo cogían. Lo hacían con violencia, desesperados, apasionadamente, como animales.

– Métemela, métemela, fuerte, más, más, gritaba ella.

Como es su costumbre cuando está muy caliente pronto entró en un orgasmo casi continuo, una especie de trance que la lleva fuera de la realidad a las regiones del placer puro. Sus gemidos y gritos de placer inundaban la habitación.

Él la disfrutó como quiso. La chupó y la lamió por todos lados, la colocó en las más diversas posturas, subió sus rodillas sobre sus hombros para abrirla totalmente, le metió su polla por el coño, por la boca y por el culo, la colocó boca arriba, boca abajo, de perrito, en un 69, como le dio la gana. Finalmente, una hora o dos más tarde, el tipo se vino con un rugido largo y profundo y una explosión de placer impresionante. Ella lo acompaño al 100%.

Quedaron ambos totalmente exhaustos, dormidos, satisfechos. Los observé embelesado. Observé también mi propia erección y mi intenso deseo de ahora si, cogérmela recién cogida por otro. Esa era la fantasía de toda mi vida que hoy se volvía una realidad.

Esperé hasta que escuché sus respiraciones calmadas y regulares. Entonces me acerqué a la cama y suavemente lo desperté y le hice señas de que ya era tarde, que ya era hora de irse. El desconocido se levantó y se vistió. Lo acompañé fuera del cuarto y hasta el elevador sin que ninguno de los dos habláramos. Esperando al ascensor le pregunté:

– ¿Disfrutaste?

– Si, intensamente. Vaya mujer que tienes. Quisiera volverla a ver, ¿qué piensas?

– Dame tu teléfono, contesté, yo te llamaré. Creo que hay buenas posibilidades. Por mi parte, no tengo ningún inconveniente, al contrario, me gustó mucho cómo te la cogiste.

Me dio su número, nos dimos la mano con una sonrisa de complicidad y regresé a la habitación.

Mi mujer estaba profundamente dormida, pero yo estaba demasiado caliente. La empecé a tocar. Su cuerpo entero estaba bañado de sudor, saliva y *****. Su coño estaba empapado y pegajoso de esperma. Ella respondió entresueños abriéndose de piernas y me dijo:

– Papito, chúpame si quieres, pero déjame dormir. Yo la chupe y pude saborear el esperma del desconocido en el coño y en el culo de mi mujer. Me dormí chupándola.

A la mañana siguiente nos despertamos tarde. De hecho, ella me despertó mamándome la verga. Estuvo un buen rato mamándomela. Lugo me dijo, por favor, cógeme, cógeme otra vez, cógeme tanto como quieras.

Esta vez fue mi turno. Traté de follarla lo más parecido a como él lo había hecho la noche anterior. Con violencia, manejándola a mi antojo, sin ternura, como bestias en celo, chupándola por todos lados, cambiándola de posturas, penetrando todos sus orificios. Ella respondió igual que antes. Se abrió,  entregó todo, voló por la estratosfera. Una hora y numerosos orgasmos después estábamos ambos totalmente agotados y caímos en un sueño profundo.

En la tarde me despertó chupando de nuevo mi polla y empezamos a coger otra vez. Entre palo y palo conversamos de la noche anterior y volvimos a vivir cada instante. Me percaté que no se había dado cuenta que la  polla que la había penetrado la noche anterior no había sido la mía. No tenía ni la menor idea de quien se la había cogodo. Pensaba que había sido yo. Por morboso, le conté la verdad, pero no me creyó. Pensó que seguíamos jugando a que yo había sido el tipo. Insistí en que era cierto. Le conté con detalles la conversación que había tenido con él en la calle, le dije cómo lo había convencido al enseñarle las fotos en el celular, le dije cómo al salir yo del cuarto había sido él quien había entrado y la había follado, pero a pesar de asegurarle que todo lo que le decía era la verdad, ella me siguió el juego y no se lo tomó en serio.

Creo que le gustó mucho este juego, pues me dijo que con gusto regresaría al bar y que si se volvía a encontrar al tipo, esta vez si permitiría que se la cogiera.

La siguiente noche, ya de regreso en nuestra casa, volvimos a follar recordando. entonces le dije que si no me creía, podíamos hablarle a tipo por teléfono, pues me había dado su número.

– Anda, háblale, me contestó.

Busqué su número. Lamentablemente no encontré la tarjeta que me había dado. Supongo que se cayó de mi bolsillo y se quedó en el hotel. Sin esa evidencia, mi mujer sigue en la ignorancia. Me hizo cornudo y ni siquiera lo sabe. Cuando saco el tema se ríe y me dice que no me cree, pero que mi jueguito le parece muy simpático.

Cada vez que vamos a la ciudad tengo la esperanza de encontrar al  tipio. Hemos regresado varias veces al mismo bar, pero sin éxito. Supongo que él estará esperando mi llamada, por lo que los dueños de las dos vergas que la penetraron esa noche viven seguramente desde entonces en la frustración, mientras que ella es feliz creyendo en su fantasía.

 

Alonsomontufar Alonsomontufar
36-40, M
Feb 14, 2010