Días De Aguacero Y Cine Soporífero En La Croisette

http://www.carolinaherrerabolsosonline.com/ Cualquier visitante ocasional o asiduo del Festival de Cannes, lo haga por trabajo, por placer o por la necesidad de exhibirse en la feria de las vanidades, sabe que además de la gran fiesta del cine, que es como suelen definirlo sus publicistas y los periodistas de imaginación plana y enamorada del tópico, el festival también supone una máquina de hacer dinero, una industria armoniosamente engrasada para cumplir ese objetivo. Cannes ofrece todo tipo de tentaciones a precios caros para que los visitantes consuman sin tregua. Pero también dispone de una climatología excepcional durante el mes de mayo. bolsos Carolina Herrera No pasas calor ni frío, la manga corta es muy adecuada para el día y la noche solo precisa de una chaqueta ligera. Y por supuesto, ves ritualmente millares de esmóquines y vestidos de gala ya que son las únicas prendas que se permiten en las sesiones oficiales de la tarde. Si añadimos la fantástica luz que caracteriza a la Costa Azul en primavera, el marco resulta esplendoroso. Si no supieras que la naturaleza es caprichosa y hace lo que le da la gana, Carolina Herrera bolsos creerías que esa temperatura y esa luminosidad también están creadas desde un ordenador infalible, el mismo que logra que en la organización de este inmenso negocio a lo largo de 13 días no falle ningún elemento.
Lo peor que podía ocurrir en Cannes es que un día especial cayera tibiamente agua del cielo, pero lo normal era que un rato después volviera a salir el sol. Incluso eso tenía cierto encanto. Pero este año algunos dioses malignos se han conjurado, o a lo peor han sido contratados por otro futuro festival que pretenda algo tan osado como intentar hacerle la competencia a Cannes en las mismas fechas, para que no pare de llover desde hace tres días, sin prisas y sin pausas. Y el agua también viene acompañada Carolina Herrera de un frío molesto aunque soportable. Es la primera vez que que observo algo así en los 25 años que llevo viniendo aquí. Y todos los rituales y las costumbres que se practican en Cannes sufren por ello. La alfombra roja se sube a toda prisa y con paraguas, los infinitos mirones no tienen nada que ver, las múltiples fiestas que se organizan todas las noches en la playa pierden su sentido, retiran las terrazas en los bares y restaurantes que no están cubiertos, se difumina el eterno y lujoso escaparate que está encarnado en las calles, el desfile ancestral de escotes y faldas cortas necesita abrigarse ante el peligro de agarrar un catarro serio o una pulmonía. Los únicos personajes que consecuentemente están encantados con la ira del cielo son los vendedores callejeros de paraguas, todos ellos negros y con pinta de atravesar una supervivencia muy dura. Y siempre deseas que se prolongue la alegría en la casa del pobre, pero también es humano anhelar que deje de llover de una puñetera vez.
Ante semejante inclemencia del tiempo los espíritus sensatos deducirán que no existe un refugio tan grato como estar dentro de una sala de cine mientras que te cuentan historias en la pantalla. Pero en mi caso no ha sido así durante la aciaga jornada de ayer. Es más, la opción de empaparme o de observar melancólicamente la lluvia desde un soportal, bolsos ,un café o la habitación de mi hotel, me parecía más envidiable que soportar las películas que exhibió la sección oficial.
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26-30, F
May 23, 2012